Mi historia
A los 39 años entendí muchas cosas de mi historia
A los 39 años me diagnosticaron TDAH. Y aunque ese diagnóstico llegó tarde, vino con algo que necesitaba desde hacía mucho tiempo: una explicación. La explicación que me permitió mirar hacia atrás y entender muchas cosas que durante años no habían tenido sentido.
Porque la realidad es que yo llevaba toda la vida intentando descubrir por qué había cosas que para mí parecían mucho más difíciles de lo que deberían.
Desde pequeña sabía que tenía altas capacidades. Era esa niña que aprendía rápido, que entendía muchas cosas, que tenía facilidad para algunas áreas. Pero esa misma etiqueta que sobre el papel parecía algo positivo también trajo mucho peso.
Porque si era tan inteligente…
¿Por qué me costaban tanto algunas cosas?
¿Por qué no hacía lo que se suponía que podía hacer?
Durante muchos años no hubo una explicación para esa contradicción. Y cuando no entiendes lo que te pasa, es muy fácil acabar pensando que el problema eres tú.
Que eres vaga.
Que te falta disciplina.
Que deberías esforzarte más.
Que si quisieras, podrías.
Y yo también terminé construyendo esa historia sobre mí.
La búsqueda
Mucho antes de tener un diagnóstico, empecé una búsqueda para entender qué me estaba pasando.
A los 18 años llegó una etapa que llamaron depresión. Después llegó la ansiedad. Y empecé a buscar respuestas.
Probé terapia, yoga, meditación, libros, herramientas de crecimiento personal… Buscaba esa pieza que hiciera que todo encajara.
Pero había algo que me frustraba mucho: podía entender muchas cosas con la cabeza, podía aprender, analizar y reflexionar sobre mí misma pero eso no siempre se traducía en sentirme mejor.
Porque había una parte de mí que seguía cargando con algo que no sabía nombrar.
Mi cuerpo también hablaba
La tensión.
El cansancio.
La sensación de estar siempre intentando llegar a una versión de mí que parecía estar un poco más lejos.
Y en medio de esa búsqueda encontré la respiración consciente. Fue un momento profundo: por primera vez dejé de intentar resolverlo todo desde la mente
y empecé a escuchar lo que mi cuerpo llevaba tiempo intentando mostrarme.
Esa experiencia transformó mi forma de verme y de entender lo que llevaba toda la vida pasándome. Y por eso decidí formarme en somática y como facilitadora de Respiración Consciente: porque quería acompañar a otras personas a atravesar eso que yo misma había vivido.
Cómo nació RAIZ
Rápidamente me di cuenta de que el cambio real no terminaba simplemente en soltar lo que estaba guardado. También necesitábamos integrarlo.
Entender nuestra historia.
Revisar las creencias que habíamos construido sobre nosotras mismas.
Aprender nuevas formas de relacionarnos con quienes somos.
Por eso seguí formándome en neurobiología y coaching con PNL y empecé a unir todas esas piezas.
La parte del cuerpo.
La parte emocional.
La parte consciente.
No como herramientas separadas, sino como un proceso completo.
De ahí nació RAIZ. Un método creado desde mi propia historia y desde todo lo que fui descubriendo en mi camino: que muchas veces no necesitamos seguir intentando arreglarnos.
Necesitamos comprender qué nos llevó a sentirnos así
El diagnóstico de TDAH llegó después de todo el proceso y trajo también un duelo.
El sentir que la herida antigua de no haberme sentido vista ni entendida durante años volvía a abrirse por un momento, esta vez con una pregunta nueva:
¿Y si alguien lo hubiera visto antes?
Pero también trajo algo muy valioso: la posibilidad de reconciliarme totalmente con mi historia por fin.
Hoy sé que muchas personas pasan años intentando cambiarse sin darse cuenta de que el problema nunca fue quiénes son. Quizá simplemente llevaban demasiado tiempo alejadas de sí mismas.
Y esa es la razón por la que existe RAIZ.
Porque yo también estuve ahí.
Intentando entenderme.
Intentando encajar.
Intentando dejar de luchar conmigo misma.
Hasta que encontré el camino de vuelta
Y en ese camino descubrí algo que no esperaba: que no había nada que arreglar en mí.
Que las personas neurodivergentes no somos una versión rota de lo normal. Somos necesarias para este mundo. Tenemos una forma de sentir, de crear y de ver las cosas que es extraordinaria, con un potencial real para cambiarlo todo, pero solo si dejamos de gastar esa energía en intentar encajar.
Por eso hago esto. No para que aprendas a sobrevivir mejor a tu día a día, sino para que dejes de verte defectuosa y encuentres tu poder real.
Si quieres saber cómo empezar
Hay distintas formas de recorrer RAIZ. Todas parten del mismo lugar.
Ver formas de empezar